Higinio Rivero, sin barreras en el mar

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http://www.deia.com/2016/05/03/bizkaia/margen-derecha/higinio-rivero-sin-barreras-en-el-mar

“Desde pequeño siempre me ha gustado hacer deporte y no parar. Y después del accidente, sigo igual”. Esta persona inquieta que habla es Higinio Rivero y el suceso al que hace alusión es el que le fracturó la vida hace tres años, cuando, practicando escalada, se cayó desde quince metros de altura. Un salto al cruel vacío, desde el que dolía observar el paisaje: un oscuro horizonte que se dibujaba sobre una silla de ruedas. Pero hoy, Higinio, de 33 años, mira al mundo a la altura de los ojos y camina con la ayuda de unas muletas. Su pasión deportiva se vuelca ahora, sobre todo, en el piragüismo y en el club de Plentzia ha encontrado un buen aliado.

“Me gusta el piragüismo, porque te cruzas con gente en el agua y no ven mi discapacidad y eso, para mí, psicológicamente, es muy bueno”, admite este joven sin una procedencia clara. “Yo soy de todas partes”, sonríe. “Me crié en La Peña, pero desde los 13 años hasta los 18 estuve en Plentzia, luego me fui a Madrid y a Canarias… Con el accidente volví a casa de mi ama, a Mungia, y ahora resido en Bilbao, en el Casco Viejo”, explica. Recaló hace casi dos años en el club de piragüismo de la villa de Uribe Kosta, donde empezó a practicar esta disciplina de una manera normal. Sin embargo, desde hace poco, cuenta con una piragua de paracanoe, el piragüismo adaptado -deporte que por primera vez tendrá brillo olímpico en los próximos Juegos de Río de Janeiro-. “Las embarcaciones son más anchas y así dan más estabilidad”, matiza Higinio, que desea dar más visibilidad a esta modalidad en Euskadi. “Me da igual ganar, a mí me gusta pasarlo bien”, afirma la voz del espíritu deportivo, esa afición a la que tenía claro que nunca iba a dar la espalda. “Estando en el hospital, pensé: Algo tengo que buscar. Y empecé a mirar deportes que pudiera hacer en silla de ruedas”, asegura Higinio. Y es que él asimiló que su destino no se iba a desarrollar de pie. “Yo he hecho todo lo que he podido, pero sé que dentro de años tendré que estar en una silla de ruedas porque, ahora, mi condición física, el peso que tengo, la fuerza… me permiten ir con muletas, pero después… Hay que tenerlo en cuenta porque luego, cuando venga, va a ser más duro. También lo pensé en el hospital: Bueno, silla de ruedas… Y luego te llevas alegrías. Prefiero ir con calma y llevarme satisfacciones, que no desilusiones”, comenta con sinceridad.

DOLOR MÚLTIPLE Y es que Higinio se rompió “la tibia, la cadera por no sé cuántos sitios, el esternón… me estalló una vértebra y se quedaron trozos en la médula”. Fue un día en Ramales de la Victoria (Cantabria) cuando “una cadena de errores humanos” volteó su guion vital. “Estuve tres meses hospitalizado, dos meses y medio de forma horizontal en una cama, porque no podía ni subir el respaldo. Después, un año haciendo rehabilitación. Yo salí del hospital y no podía estar ni veinte minutos sentado. Venía la gente a casa y yo me quedaba tumbado al lado de ellos hablando, era como estar en un diván con un psicólogo. Hubo momentos duros, claro, y lo he pagado con mi familia, porque crees que todo el mundo tiene la culpa de lo que te ha pasado…”, reconoce Higinio. No obstante, su relato se escribe con optimismo. A él le gusta así. “Yo creo que mis compañeros del club, muchas veces, se olvidan de mi discapacidad. Se lo toman con naturalidad. En la ducha me he caído algunas veces y me vacilan: Ya nos estás haciendo breakdance”, confiesa Higinio.

De vez en cuando participa en un taller para entrenar emociones contando su experiencia a los asistentes. Además, su historia quedó reflejada en un documental elaborado por su novia, Itxaso Díaz, que se pudo ver en la pasada edición del Bilbao Mendi Film Festival

 

 

 

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